miércoles, 24 de noviembre de 2010

SAN PETERSBURGO

Petrogrado olía a ácido fénico.
El humo de sus calles, guiaba el final de sus días.

El día luminoso, desnudo, 
reflejaba en su plaza
destellos de su majestuoso y acristalado castillo.

Una voz del tiempo, despierta el letargo,
tomando el palacio de invierno.

Leningrado desalojó su retiro, anestesiada,
Anastasia huyó de su fuego,
muerta, viva,
claman voces en la Historia.

Sant Petersburgo luce su hora,
su luz violeta
su ermita a orillas del Neva.

Sant Petersburgo
noches blancas
luz violeta
aguja dorada
sobre el arco de invierno.

8 comentarios:

Carmela dijo...

Preciosas letras para describir una ciudad.
Me gusta. Bicos.

Shang Yue dijo...

recuerdo que esa misma luz, robada en el brillo encerado de la plaza, encendió el verde de mis pupilas

al entender que los pasos de aquel hombre se encaminaban irremediablemente hacia mí


le esperé,
me alcanzó,
y se nos hizo tarde,
como a mis dedos sobre la tinta de tus letras

Isabel Martínez Barquero dijo...

Hermosa sin duda San Petersburgo, estimado German.

"El humo de sus calles guiaba el final de sus días"... Ese verso es precioso, me dice mucho.

Un fuerte abrazo, no desde Rusia precisamente.

Tara dijo...

siento de veras no conocerla, y más ahora con ese atardecer en rojo y lila que me gusta tanto

aún así me llegan sus luces (y sus sombras) con tus palabras

Amanteceres dijo...

Hermoso texto, preciosa foto.

Un placer leerte.

Un beso desde mis Amanteceres

Abogada Soltera dijo...

Y yo pensaba en Venecia, o en Estocolmo. O pensaba en que aquí sólo llueve. Pensaba en que yo no luzco en mis horas naranjas ni en las malvas. Pero pese a la Tempestad me invadió cierta calma el leerte.
GRACIAS!

Abogada Soltera dijo...

Menudos regalos me haces! Gracias por seguir mi historia...
A veces es agradable dejarse cuidar!

Akukeny dijo...

San Petersburgo, mi próximo destino, tal vez. Hay algo que me atrae a viajar y llenarme de su esencia. Ahora, gracias a ti, mis sentidos pueden percibir: sus noches blancas, luz violeta, aguja dorada sobre el arco de invierno...
Simplemente delicioso